MESA ABIERTA PARA CREAR HOY EL MUNDO POST PANDEMIA, EL MUNDO DEL MAÑANA

Actualizado: 10 de nov de 2020

Convocatoria para una política del amor para las instituciones y los individuos


La pandemia nos está dejando algunas preguntas acerca de qué es lo que sucede en el mundo, acerca de las reglas que gobiernan nuestras economías, acerca de nuestros sistemas de salud y especialmente, acerca de nuestra capacidad para vivir sin que la incertidumbre pueda dominarlo todo. ¿Existirá la posibilidad de crear un mundo distinto? Amor, miedo, enemigos y elecciones en este manifiesto para una política del amor.



EL ENEMIGO ES EL MIEDO


Nuestro mundo vive en medio de una gran paradoja. Por un lado, tenemos la disolución completa de las clases sociales. La mayor cantidad de personas en el mundo, exceptuando algunas pequeñas zonas geopolíticas, comparten situaciones similares en cuanto a pobreza o riesgos de pobreza. La crisis social y económica que está generando la pandemia no hace más que visibilizar esta situación. No hace falta mirar atrás para observar cómo esto ha cambiado. La mal llamada “clase media” es hoy apenas una ilusión, una promesa de un imaginario ascensor social que hace décadas se encuentra en reparaciones y con un pronóstico reservado. Por otro lado, la riqueza y el poder en el mundo se ha acrecentado exponencialmente alejando al 1% que la posee del resto de todos nosotros.


Aquellos que pregonan la lucha de clases se han chocado con la dificultad de entretejer una identidad de clase entre el 99% restante de la población mundial, en parte por la diversidad de un mundo cada vez más conectado, y en parte, por la avanzada deslocalización de los ambientes de trabajo. Puestos de trabajo muchos a punto de desaparecer bajo el sonido metálico de la robotización automatizada. A pesar de ello, incluso, estando al borde de una crisis mundial sin precedentes, no tiene mucho sentido reivindicar una jornada laboral de 8, 7 o 6 horas, cuando en Europa caminamos sin pausa y con prisas hacia la desaparición total del trabajo como tal.


Además, buscar enemigos de clase crea dos vertientes muy peligrosas. La primera, es la incesante división entre miembros de un mismo estrato social. Si bien hemos accedido a una mejor calidad de vida al hallarnos en un hogar donde cobijarnos, con al menos tres comidas diarias, la realidad es que nosotros, el 99% restante de personas que componen el mundo, no tenemos acceso a casi nada de aquello a lo que podríamos acceder. Ya no comida y un techo, sino la posibilidad de hacer con nuestras vidas lo que queramos hacer, sin la soga al cuello de las hipotecas, los alquileres, las cuotas de autónomo, los ERTE o de qué ocurrirá mañana si es que existe un mañana. Entender el mundo que nos rodea es, también, entender que, según las Naciones Unidas, 2019 ha sido el mejor año en la historia de la humanidad en cuanto a recursos, ciencia, alfabetización, renta promedio, etc. Algunos ratios como la extrema pobreza se habían logrado reducir a mínimos porcentuales, y esto en apenas treinta años.


La segunda vertiente peligrosa es no identificar correctamente al enemigo. Si nuestra única opción como sociedad depende de enfrentarnos al 1% de la población que controla las armas nucleares, los servicios, la prensa, la economía mundial, y además, planeamos hacerlo acusándolos de su condición de clase, haciéndolos temernos o necesitar su propia defensa, lo único que obtendremos es un lamentable e innecesario baño de sangre. No es menester que sigan muriendo personas en el mundo, ni en guerras ni en pandemias, del mismo modo que tampoco es menester que cuando un sistema económico estornuda se sacuda el sustento de la mayoría de los que habitamos el mundo. Nuestro enemigo es el miedo.


No es menester que sigan muriendo personas en el mundo, ni en guerras ni en pandemias, del mismo modo que tampoco es menester que cuando un sistema económico estornuda se sacuda el sustento de la mayoría de los que habitamos el mundo.

NO TENEMOS MIEDO


Las sociedades avanzan cuando los individuos que las conformamos perdemos el miedo. A veces, incluso, cuando éstas se encuentran en el apogeo de su desarrollo, incapaces de resolver algunos de sus problemas, y no cuando parecen estar en plena caída. Las mujeres, que soportan, y han soportado a través de la historia, una mayor carga social que los hombres, son un claro ejemplo de cómo cuando la copa se llena, ésta rebalsa en avances sociales para toda la humanidad. Sus movilizaciones son simplemente una demostración más de esta situación límite. Sumado al problema de la mujer, y al del calentamiento global, se vislumbran en pocas décadas avances que generarán grandes conflictos. Asuntos como las grandes migraciones resultado de la escasez del agua, como, también, la regulación sobre la inteligencia artificial o la modificación genética, comienzan ya a levantar ampollas en la opinión pública internacional.


Las personas que ostentan el poder a nivel mundial no viven aislados en palacetes. Caminan entre nosotros y con nosotros. Es una fantasía pensar que su supuesta condición de clase les hace ser malvados o vivir ajenos a los problemas contemporáneos de la humanidad. Hace apenas cien años, si uno paseaba por las calles de cualquier gran ciudad, era plausible encontrarnos con liberales, anarquistas, socialdemócratas y comunistas con la intención y pasión necesarias para intentar convencernos de su propia idea de mundo. Algunas de sus tradiciones se han extendido hasta nuestros días. Sin embargo, su accionar ha quedado completamente diluido. Ni en las calles, ni en libros, ni en sus hogares, no existe nadie ya soñando el mundo post pandemia, el mundo del mañana.


No sabemos cómo será, pero será. Y no será como nada de lo que hemos conocido hasta ahora. Sea como sea, nos urge comenzar a construirlo. A aquellos que no quieran soñar, o no sea de su interés hacerlo, solamente les pedimos que nos permitan al resto soñar.


El primer paso para lograr esto, es entender que nuestro único enemigo es el miedo. Necesitamos de un proceso individual para superar estos miedos, al mismo tiempo que necesitamos una transformación social en esa misma dirección. Una cosa necesita de la otra y viceversa. El dolor es miedo, el enojo también, la xenofobia es miedo, también el fascismo y el odio. La racanería, el egoísmo y la envidia son miedo, también. ¿Cómo podemos, entonces, entre tanto miedo, construir este mundo tan necesario, el mundo post pandemia, el mundo del mañana?


En esta sociedad polarizada, de sesgos cada vez más inquietantes, de ansiedad endémica y depresión crónica, es fundamental regresar a aquello que nos une. A aquello que nos hace humanos a todos por igual. Estos son los principios universales del amor. Estos principios rigen a todas las personas, no importa su lugar de nacimiento, su edad, su religión o su idea política. Las personas entendemos que hay que ser responsables, empáticos, solidarios, respetuosos, leales, generosos, etc.


Nuestro desafío es dejar de centrar nuestras decisiones en incorrectos intereses de clase, grupo de pertenencia o ideas, para comenzar a hacerlo en una política de decisiones basadas en estos principios universales. Una política del amor.



LO CONTRARIO AL MIEDO ES EL AMOR


Todos tenemos miedos. Todos nosotros como individuos tenemos una lista de miedos que nos incomodan, y hasta pueden llegar a atormentarnos, a lo largo de los días. Estos son responsables de muchos de nuestros trastornos de la psique como son la ansiedad o la depresión, a su vez, que hacen de nosotros perfectos compradores para una sociedad de consumo inundada en plásticos y productos innecesarios. La mayoría de nuestros miedos son irracionales. No forman parte de nuestra programación biológica, porque no cumplen ninguna función para nuestra supervivencia, ni para el correcto funcionamiento de nuestras sociedades. Nos dividen, nos hacen odiar, nos paralizan, nos convierten en autómatas compulsivos o en angustiados observadores de nuestras vidas.


Tenemos miedo a amar, a envejecer, a no tener hijos, a tenerlos, a morir, a hablar en público, a sentirnos mal, a no saber cómo deberíamos sentirnos, al futuro, al pasado, a las personas, a que algo malo ocurra, a lo desconocido, al fin de la humanidad, a fobias específicas, y hasta al miedo tenemos miedo.


Estos mismos miedos funcionan a nivel social del mismo modo que lo hacen a nivel individual. Así como nos ocurre en persona, como sociedad, también, podemos paralizarnos, hacernos pequeñitos y padecer. Nos angustiamos en forma gregaria. Es el mismo funcionamiento. Los miedos, al igual que las emociones y que los virus, se contagian, se comparten y se masifican. Eso sí, es indudable que el miedo es una de las dos fuerzas más potentes y transformadoras que ha habido y habrá en la historia de la humanidad. La otra es su opuesto, el amor.



SIN MIEDO NO HAY ENEMIGO


Nuestra única posibilidad como especie para sobrevivir a los cambios que se avecinan es avanzar en conjunto, como sociedad. Para ello es importante delimitar los tres factores que nos hacen humanos, que nos definen a todos por igual, salvo excepciones, como personas.


El primer factor es que el ser humano no es tonto. Podemos alegar que al menos, hasta ahora, nuestra inteligencia nos ha traído hasta aquí. Enumerar lo que hemos hecho en ciencia, tecnología y sanidad es, sencillamente, redundante. El segundo factor es que el ser humano no es malo. Habiendo excepciones, que las hay, las personas suelen ser solidarias, suelen poseer elevados valores, e intentan ser bondadosos siempre que puedan serlo. El tercer, y último factor, es que el ser humano no es vago. Hemos construido rascacielos, catedrales, y se podría decir que es un hecho que nos gusta trabajar en proyectos, principalmente aquellos que nos apasionan, sean estos para un interés propio, o para el interés social.


A estos tres factores, hemos de sumarles dos elementos para el conocimiento humano que resultan esenciales. El primer elemento es que la humanidad es diversa. A pesar de que la historia suele irse, generalmente, por cauces demasiado lineales, los hechos demuestran que a lo largo de nuestros doscientos mil años de historia hemos evolucionado en formas sociales y culturales muy diversas. En esta diversidad se puede encontrar, de un modo notable, la utilidad misma del saber empatizar con gentes de los lugares más remotos de la tierra. Avanzamos siempre en conjunto, pero no todos al mismo tiempo, ni con las mismas ideas o con la misma forma de entender nuestra realidad. Lo que al final logra unirnos a todos, han sido y serán, los principios universales del amor. Este es nuestro nexo principal, es aquello que nos hace humanos, y es por ello, por naturaleza, nuestro canal de comunicación.


El segundo elemento a sumar es aún más importante que el primero. Este promulga que cada persona se encuentra viviendo un proceso. Esta raíz de algunos pensamientos, como el budista, y no por ello necesita de un carácter religioso, es una descripción muy precisa de lo que nos ocurre a lo largo de nuestras propias vidas, y de cómo las personas vamos solapadas unas sobre otras en incontables realidades simultáneas. Imagina que ahora mismo tuvieses que debatir tus ideas, emociones y valores contigo mismo pero con tu yo de hace diez o veinte años. Para la mayoría de nosotros esto sería una situación bastante injusta. Las personas atravesamos distintos procesos a lo largo de la vida. Estos procesos de pensamientos, y sus correspondientes procesos emocionales, van cambiando a lo largo de las distintas situaciones y experiencias que nos toca vivir. No es lo mismo amar a los veinte años que a los cuarenta, del mismo modo que nuestros pensamientos no son los mismos durante toda una vida. A veces ni siquiera estamos de acuerdo con las ideas acerca de algo que teníamos hace apenas un año.


Respetar estos procesos, tanto a nivel personal como a nivel colectivo, para no convertir por ello a nadie en el enemigo, como tampoco descategorizarlo por atravesar tales o cuales procesos, es al final, un modo de hacer justicia para con uno mismo. Apelar a los principios universales del amor nos servirá para que, al igual que hace la empatía entre pueblos diversos, crear un canal de comunicación entre grupos polarizados, pueblos en discordia, miembros de familias en disputa, e incluso para con nosotros mismos. Y es que las personas, también, somos diversas a lo largo de nuestras vidas, y está bien, no es necesario acortar ni censurar ninguno de estos procesos. Lo que sí importa entender es que mientras para otros podemos ser el enemigo, para nosotros el único enemigo es el miedo.


Lo que sí importa entender es que mientras para otros podemos ser el enemigo, para nosotros el único enemigo es el miedo.

PRINCIPIOS UNIVERSALES DEL AMOR


No existe una definición unificada sobre lo que significa amar. A nivel cultural, filosófico y espiritual, algunas personas se aferran a objetos amorosos, otras a dioses, otras a ideas, otras a sucesos de la naturaleza, y otras a experiencias del ser. Dentro de esta diversidad de procesos, todas las sociedades comparten, en su particular visión del amor, una serie de valores universales. Estos habitan de forma innata en cada uno de nosotros, al igual que habita en nosotros el concepto de amor. Algunos valores universales son:


Responsabilidad + Empatía + Cuidado + Solidaridad + Conocimiento + Generosidad


A su vez, amar requiere salir del plano teórico, del plano conceptual. Si bien no hay una única forma de amar, como tampoco hay una única espiritualidad, existe una relación estrecha entre nuestra experiencia como individuos y nuestra capacidad de vivir en comunidad. Así, entonces, desarrollaremos tres direcciones en las que amar estará ligado a un principio universal.


Amarse a uno mismo es importante. El amor a uno mismo significa conocimiento. Ésta es la primera dirección. Entender mis virtudes, mis capacidades, mis limitaciones, aprender a hacerme bien y no dejar que lo que me rodea me haga daño o me cause dolor. Este tipo de amor es necesario para desarrollar nuestras capacidades como individuo. Al igual que el amor al otro. Al amar a otra persona estoy aprendiendo acerca de la empatía. Entiendo que mi mundo no acaba en mí mismo y que hay, al menos, otra persona junto a mí que también siente, vive y crea. Cuando amamos a otra persona logramos ampliar nuestro mundo y salir de nuestra soledad para entender que no estamos solos, y que nuestra experiencia vital puede ser ahora una experiencia compartida. Esta segunda dirección es fundamental para lograr una tercera dirección: el amor a los demás, a lo que uno es como especie, como grupo de pertenencia y como sociedad. Cuando aprendo que aquello que me sucede a mi, o aquello que le sucede a la persona que amo, puede, también, sucederle a los demás, es cuando entiendo acerca de la solidaridad.


Estas tres direcciones al amar necesitan confluir entre sí. Haber logrado solo una de estas direcciones nos hace sentir desconectados de la realidad. Cualquier forma de amor que no implique conocimiento, empatía y solidaridad, necesita superar aquellos miedos que la hacen estéril.



EL MUNDO POST PANDEMIA


Las elecciones no son un escenario cualquiera. Nuestra misión es dar visibilidad a aquello que ha hecho de la política una fábula de sesgos. Al mismo tiempo, estamos comenzando a trabajar en una política del amor para las instituciones. Hacemos un llamado a toda la sociedad para la conformación de una Mesa Abierta en donde comenzar a construir hoy el mundo post pandemia, el mundo del mañana. Además de esto, y a diferencia de otros partidos, entendemos que crear una sociedad sin miedos implica per se crear una sociedad habitada por individuos sin miedo. Por ello, hacemos pública nuestra convocatoria a los talleres libres y gratuitos, presenciales u online, que se impartirán bajo el lema: NO TENEMOS MIEDO. Queda mucho por hacer, muchos pasos por andar, y la perspectiva de hacer de nuestras vidas un espacio nuevo, lleno de ideas, pensamientos, emociones y amor.



POR UNA POLÍTICA DEL AMOR


No existe en el mundo otro partido como el nuestro. Esto no es una mera connotación denominativa. No existe en el mundo partido que no posea al menos un adversario político. Nuestro enemigo es el miedo. Esta no es una distinción azarosa, representa la importancia de los tiempos que corren. La necesidad de construir una alternativa política basada en los principios universales del amor es ahora, más que nunca, un imperativo ético, una necesidad moral. Lograr superar como individuos, y como sociedad, la ingente cantidad de miedos que nos habitan, es, quizás, ya no una cuestión de supervivencia, sino, tal vez, la mayor de las obras por realizar. Es hora de comenzar a desarrollar una política del amor que nos permita construir hoy el mundo post pandemia, el mundo del mañana. Frente al virus del odio, la incertidumbre y el desánimo, decimos: menos política, menos mentiras y más amor.


¡No tenemos miedo!


Viva el Partido del Amor.



MIGUEL IGLESIAS

Presidente


¡Ayuda a potenciar nuestro mensaje! Únete

HAZ CLICK AQUÍ


Lee nuestro programa urgente para el mundo post pandemia

HAZ CLICK AHORA

39 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
          PARTIDO DEL AMOR

Sede Central

Calle Joaquín Costa 38, Principal 1a 08001 Barcelona, España

Email: info@partidodelamor.com

Teléfono: + 34 937 97 84 06

Recibe nuestros boletines informativos
Síguenos en las redes
  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • Instagram

Interactúa, participa y únete 

© 2020 Partido del Amor  |  Aviso Legal  |   Política de Protección de Datos | Uso de Cookies